Estoy triste. Últimamente la vida me está dando muchas señales. No puede ser que todo el día tenga que hacerme la pregunta ¿qué hubiese pasado si no hubiese hecho esto?
El viernes, viniendo del laburo en el 37 a eso de las 18:30, me bajo en el kiosko de don Emilio, en Cabildo y Santa Fe, en frente del Beata. Ningún negocio tenía cambio así que tuve que volverme caminando a mi casa cerca de estación Avellaneda. Me gustaba la idea, es una parte de la ciudad que hacía mucho que no visitaba, así que emprendí mi camino.
Cuando llegué a Pavón, vi algo que siempre que veo me hace mierda. Había un perrito abandonado con la pata izquierda hinchada. No apoyaba esa pata para caminar. Era un perro grande y negro, muy sano. Me siento en un cantero en Chile y Pavón para admirarlo cuando se me acerca, se sube al cantero y se sienta a mi lado y me mira a los ojos.
Algo que no puedo soportar es que un animal sufra. Siempre digo que me importan más los animales y las plantas que las propias personas, si hubiese un incendio y tengo que salvar a un cachorro y a un bebé, prefiero salvar toda la vida al perro.
Bueno, acaricié un poco al perro, me levanté y me fui a trancos largos. A mitad de la siguiente cuadra me doy cuenta que el perro venía detrás de mi. Intenté espantarlo pero seguía mirándome, con la patita levantada y moviendo la cola. Seguí mi camino, y el perro me siguió hasta mi casa.
Vivo en el pueblito, así que pensé que capaz le podía dar de comer todos los dias si se quedaba por ahí en donde estaban los otros perros, como la perra Matilda que anda por ahí. Tuve un altercado con la mina del kiosko de la esquina porque le di unos chinchulines al llegar a mi casa. Me quedé tranquilo cuando el perro, después de comer, se quedó dormido
Al otro día fui a buscar al perro, pero no lo encontré. Al día siguiente, lo mismo.
Después, da la casualidad que una señora del laburo que vive a un par de cuadras de mi casa me ofreció volver con ella en un remis que había pedido. Al terminar el viaje en la esquina de la casa de esta señora, llego a la esquina de El Viejo Cañón y veo a un perro atropellado, con el hocico destrozado. Era exactamente el mismo perro que días atras me había seguido hasta mi casa.
¿Hubiese muerto el perro si tenía monedas para volverme en bondi?
¿Hubiese muerto el perro si lograba ahuyentarlo para que no me siga?
¿Fue pura casualidad que justo la mina tenga dolor de espalda, se tome un remis, me ofrezca que vaya con ella y que me baje justo en la esquina de un lugar por el que nunca paso y me entere de lo que le pasó al perrito?
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